sábado, 5 de mayo de 2012

Nuestra primera enfermedad juntas

Resulta que hace unos días y coincidiendo con la fecha de vacunación de Lola, resulta que se puso malita con una gastroenteritis. 

Mi preocupación fue elevada. Mi madre me decía que me tranquilizara, pero, quien no se va a preocupar por la primera enfermedad de una hija de tan solo dos meses de edad. Creo que cualquier padre con hijos de cualquier edad se preocupan. Así que creo que mi preocupación era justificada.

No tuvo fiebre muy alta, llegó sólo hasta 37,9, pero la pobrecita, se quedó toda mustia. Ni siquiera lloraba para pedir comer, sólo hacía pequeños gemidos. Y cuando la aproximaba al pecho, resulta que la pobre estaba poco tiempo y después dejaba de comer. 
Otro síntoma que percibimos fue que ni sonreía, y además dormía como un lirón. (lo que en principio podría ser una alegría, pero no viniendo de Lola, que es una ansiosa y tiene ya mucho carácter).

Luego otra observación es que las cacas que hacían eran dignas de verse. Menudas plastas, pastosas y sobretodo menudos pedos que propulsaban estas cacas. Mira que la pobrecita al nacer estuvo estreñida, pero con esto de la gastroenteritis el tema era el otro extremo.

Lo mejor de todo, es que me lo pasó a mi, me contagió su maravillosa gastroenteritis. Y entendí el sufrimiento de mi hija. Sus retortijones, sus dolores de barriga, sus pedos y sus cacas.



Lo mejor de todo es que mi peor noche, con fiebre, con tiritona, su padre, se dedicó en cuerpo y alma a la niña, durmiendo en el salón con ella y dándole biberones de mi leche materna, hasta que yo pudiera sentirme un poco mejor.
A la mañana siguiente, mi marido, me dijo textualmente: ¡QUÉ DURO ES SER UNA MADRE 24 HORAS! que no fueron 24 horas sino quizás menos de 12 y encima no le enchufaba teta sino biberones, con lo que no había vivido exactamente eso de ser madre. Pero sinceramente esta experiencia en compañía de la gastroenteritis, me aportó cosas positivas:

  • Entender el sufrimiento de mi hija.
  • Que mi marido entienda el esfuerzo de ser madre y la lactancia materna
  • Que la leche que llevo sacándome con tanto esfuerzo y guardado en el congelador sirviera para algo. Moraleja: no hay que malgastar ni una gota de este preciado manjar para Lola



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