jueves, 6 de octubre de 2016

Tengo tantas cosas que contar de la bimaternidad

Tengo tantas cosas que contar...
Me planteo qué me gustaría escribir en este blog, en este post, pero es que no sé por dónde empezar. De hecho llevo tanto tiempo sin hacerlo precisamente por qué no sé qué contar, más que no sé qué contar, es que no sé concretar.

La bimaternidad
Ser madre de dos, me está costando bastante, sobretodo cuando me tengo que enfrentar a estar sola con ellos dos. Y cada día vivo tantas cosas y con tanta intensidad, que cuando pienso en escribir, no sé priorizar.
Además a veces me doy cuenta de que me siento muy negativa, de la intensidad con la que vivo las cosas. Luego el Sr. Juan me dedica una sonrisa o una carcajada y Lola me cuenta alguna cosa que le ha sucedido o algún razonamiento de los suyos y paso a verlo de otra manera, de colores.

La frustración
También me viene de nuevo esos sentimientos de miedo y otros de frustración, que viví cuando nació Lola. Luego con el tiempo sé que se van disipando y desapareciendo. Es un miedo a que les pase algo a los niños, sobretodo al pequeño, que además está en una etapa bonita y a la vez peligrosa. Se pone de pie, a sus 6 meses, pero el pobre no se da cuenta de que su cuerpo no está preparado, pero él lo quiere hacer. Se pone de pie y claro se pega cada castaña que a veces puedo pararle, pero otras muchas o no le veo o no llego a tiempo para la torta.
Por otro lado digo lo de la frustración, porque está también en un momento en el que como me despegue de su lado en determinados momentos del día, se pone a llorar y con un berrinche gordo. Así que a veces me he visto haciendo la comida, con él a mi lado en la cocina, en una hamaca y con unas voces y gritos que me entristece. Pero es que cuando Lola estaba sola, podía posponer muchas cosas, pero en este caso, si le toca cenar a Lola, no puedo hacer otra cosa. Y encima esos gritos de Juan a veces me sacan mucha rabia y me veo diciéndole cosas en un tono más fuerte.

Así que en estos momentos estoy así. No hablo apenas de Lola porque realmente ella solita va haciendo sus cosas, vestirse, cenar, jugar, etc... La verdad es que la ventaja de que el Sr. Juan y Doña Lola se lleven 4 años, es que ella es bastante independiente. Y eso me permite dedicarme al más pequeño. No quiero ni pensar si se llevaran poco y tuviera dos bebés, que hay que atender a partes iguales.

Aunque la parte chunga de esto es que a veces descuido a Lola y echo de menos esas tardes de ponernos hasta arriba de pintura, y hacer manualidades. 

La flexibilidad
Otra de las cosas que tanto con un hijo, como con dos es que hay que aprender a ser flexible, a no exigirse. Y digo que hay que aprender, porque yo aún no lo he hecho. Me gustaría llevar a la práctica esta parte, que me haría más fácil la vida. Porque este tema, esa exigencia, me produce mucha ansiedad y mucha culpabilidad en algunos momentos. 
¿Os pasa a vosotros? 

Lactancia ¿sí o no? ¿seguimos o abandonamos?
Las noches han sido un verdadero infierno. No soy una persona que necesite dormir muchas horas, pero un mínimo sí y es que no había ni siquiera ese mínimo. Así que mi marido un día harto de esta situación de tantos despertares y de que yo me pasara los días hecha una m... me propuso que le empezáramos a dar biberones por la noche. La verdad es que es una decisión de esas que se toman a medias porque por una parte siento la necesidad de ese destete nocturno para poder hacer una vida normal y por otro lado dejar la teta aunque sea parcialmente, me crea mucha inquietud y culpabilidad. Además cuando le doy el pecho a Juan, estoy a gusto, y él también, por lo que me da mucha pena. Pero creo que es lo mejor, para poder hacer una vida normal y no de zombie. Y creo que incluso esto beneficiará a los niños, al encontrarme más descansada. 

Buscando mi hueco y mi tiempo
Cuando nació Juan tuve una pequeña crisis. Empecé a pensar en que necesitaba tiempo para mi. Supongo que al sentir que volvía a empezar como con Lola, quería tener un espacio para mi. Así que este verano pensé en qué actividades iba a dedicar ese tiempo. Y como tengo tan poco quería elegir bien. Al principio me propuse un montón de actividades, pero es que ya no es una cuestión de tiempo, sino de pelas también. Así que siendo realista, pues me he apuntado a patinaje. Y estoy super contenta. Cada día hago algo nuevo, me permite estar con otras personas y meterme en mi burbuja de independencia por un rato. Os lo recomiendo hacer algo para uno mismo es super necesario, desconectar de la maternidad y paternidad por un rato.

Mi profesión
Volvemos a la frustración. Soy autónoma desde que nació Lola y por una parte mi trabajo, me permite cuidar de los niños, cuando están malos, períodos de adaptación, vacaciones, etc. Pero por otro lado, me siento un poco frustrada. Tengo mis momentos de bajón y otros en los que pienso que es lo mejor. Además dejé de buscar trabajo hace mucho, porque siento que lo que piden en las ofertas de trabajo no soy capaz de hacerlo. En fin como siempre salen a relucir las inseguridades que tengo. Como punto positivo a mi trabajo, lo que estoy haciendo actualmente que es dedicarme a mis kokedamas, plantas y al tema de community management, me gusta. Osea que hablo de desventajas pero también de las ventajas.

Dieta y Ejercicio
¿Qué pasó con mi ejercicio y mi dieta? Pues la dieta sigo con ella pero al margen de los smartpoints. Creo que me daré de baja en unos días porque ya no lo sigo, aunque la tengo en cuenta para hacer las comidas. Y con el ejercicio, que aprovecho cualquier momento o cualquier trayecto para ir andando. Y el tema es que tengo una fascitis plantar que me tiene muy molesta. Así que tengo que poner un poco de solución a esta molestia porque a veces veo las estrellas.
Vamos poco a poco. Al menos voy mateniendo los 4 kilos que perdí y espero ir perdiendo poco a poco. 



Como veis, todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas o menos buenas. Tengo un montón de puertas abiertas, donde la frustración está bastante presente en mi vida. También la supervivencia, el día a día sin poder casi planificar. Lo bueno de esto, es que no pienso en el futuro, sino en que hoy es hoy y ya veremos qué pasa mañana.

Pero es verdad que tengo dos hijos preciosos, sanos con algunos mocos pero sanos. Y que cuando les voy a buscar o llego a casa, me reciben con una sonrisa y abrazos. Que se me cae la baba con sus sonrisas y que aunque me ponen a prueba todo el día, pienso que no lo estoy haciendo tan mal.

viernes, 1 de julio de 2016

Mi cuerpo, el que no acepto

Estoy ultimamente muy obsesionada con mi físico. Estoy muy gorda y encima no lo acepto. Y es verdad que realmente he parido hace menos de 4 meses, pero oye que estoy gorda y eso no me lo quita nadie.
Desde siempre desde pequeña siempre fui la niña gordita, aunque creo que tenía un poco distorsionada mi imagen, porque veo fotos y era normal, ni gorda ni delgada, en mi peso y ya está. Pero hubo un año en el que esto se me fue de las manos, empecé con temas de anorexia y luego me pasé a la bulimia. He estado muchos años con estos problemas y creo sinceramente que nunca jamás se pasan. Por lo menos en mi caso.
Un año en el que yo pesaba mogollón y no digo lo que pesaba, porque me da vergüenza, me fui con mi antes novio y ahora marido, a Zamora e hicimos una ruta donde había que subir y subir. Me puse malísima, estuve con diarreas, vomitonas, no sé si fue un golpe de calor o un aviso de mi cuerpo, que me decía, que tenía que empezar a cuidarme.
Así que empecé a hacer una dieta supervisada por un profesional, así como ir a mesoterapia y hacer ejercicio todos los días. Y en un año y medio adelgacé alrededor de 30 kilos. Estaba super contenta, por ese logro. Nunca llegué a mi peso ideal, pero con esos 30 kilos empecé a ponerme ropa de 42 de talla. El caso es que me quedé embarazada y engordé 18 kilazos. Y me volví a sentir fatal. A los meses empecé a ir al gimnasio y volví a adelgazar, aunque nunca los 18 kilos completos.
Y esta vez me pasa lo mismo, engordé mogollón en este último embarazo y ahora estoy en esos kilos de más.


adelgazar

Me veo en el espejo y me veo espantosa. Es más es que no quiero ni mirarme. No logro aceptarme con este cuerpo. Y encima para colmo, esto hace que me sienta tan mal, que a veces picoteo o como más cantidad de comida de la cuenta.

Me encuentro con un problema más, la ropa que llevo es como el uniforme de taparme, para que no se me vean las lorzas, para que no se me vea nada. Siempre de negro y con ropa más bien holgada porque no soporto que se me ajuste a mi cuerpo. Y quisiera comprarme ropa de tallas grandes, bonita, pero primero, no tengo dinero y segundo pienso, y si adelgazo. Así que esto es un sin vivir.

Además ahora con los niños, tengo que tener mucho cuidado de decir qué cosas, sobre mi físico, para que no tengan ellos problemas con su propio cuerpo.
Envidio a las chicas curvy porque son mujeres gordas, que aceptan su cuerpo y que son capaces de sacarse provecho. Y yo me veo mal, muy mal. Estoy muy triste porque esto pesa mucho en mi vida, porque en el día a día, le dedico mucho tiempo a pensar en ello, por lo que me hace a veces sentirme muy mal.
Hace unas semanas empecé a hacer la dieta de entulinea, la de contar los puntos que tienen los alimentos. Pero estuve dos semanas y luego volví a sentir que no merecía la pena.

Quiero cuidarme porque además me siento mal fisicamente, cansada, que mi piel no está bien, más envejecida. Me duele mi cuerpo y me acuesto por las noches molida. No es que coma mal, no soy de comer ni cómida rápida, ni guarrerias, pero si debo pensar más en las cantidades y sobretodo hacer ejercicio.

Con respecto a hacer ejercicio, ahora que estoy con el bebé día y noche, me resulta muy complicado encontrar el momento para hacerlo. He ido a andar con él, con el carrito por el parque, y de hecho me he dado buenas caminatas, pero me parece insuficiente. y hace una semana dejé de hacerlo. Porque estoy cansada, por el calor, porque cuando voy con Juan me siento inquieta porque creo que se va a poner a protestar. 

Pero pensando en por qué quería escribir este post, he pensado que sea un punto inicial, para empezar desde cero y tomarme en serio este tema. Esto significa, cuidar mi alimentación y hacer ejercicio, ya sea bajar a la bici elíptica de mi casa, o ir a andar. Quiero sentirme bien.
Ayer empecé de nuevo, cuidé la comida, y estuve mirando los smartpoints de entulinea en su app, hoy también y además he ido a andar con Juan a primera hora de la mañana. Estoy cansada, muchísimo, pero estoy contenta. 
Creo que si lo cuento tanto aquí como a las personas que me rodean me lo tomaré más en serio, porque esto es muy serio, es un tema de salud, de emociones y de sentirme bien conmigo misma.

Así que chicas, empezamos con este reto, que creo que es uno de los más difíciles de mi vida, pero si ya lo hice una vez, pues esta vez también.

¿Os suena este tema? ¿Alguna recomendación? ¿Conocéis algún blog de recetas sanas? 


miércoles, 11 de mayo de 2016

Reflexiones sobre la lactancia materna

El tema de la lactancia materna es muy complicado. En este post hago una reflexión sobre la lactancia materna que llevo dándole vueltas desde que nació Juan.
El otro día en mi grupo de Postparto, cada madre exponía su forma de alimentar a su hijo. Y había de todo. Algunas dábamos el pecho exclusivamente y otras daban biberón combinado con pecho y alguna otra sólo biberón.
Cualquiera de esas opciones son buenas, buenísimas. 
Había una de las madres que daba lactancia mixta que contaba que había escogido esa forma de alimentar a su hija porque se quedaba con hambre sólo con el pecho. Y todo empezó en el hospital.
Y ella se sentía en parte culpable por no darle exclusivamente lactancia materna. Hasta que pasaron unos días y asumió esta forma de alimentar a su bebé.
Pues bien, creo que si a esta mujer en el hospital la informan de que aunque introduzca algún biberón para complementar, su cuerpo será capaz de producir la leche suficiente para alimentar su bebé, si se la pone con frecuencia al pecho, quizás las opciones de esta mujer cambiarían.
He notado que el tema de la lactancia materna es bastante menospreciado en tanto que hay mucha falta de información y descoordinación entre los profesionales sanitarios. Obviamente esto depende del hospital donde una dé a luz, y de la información y del interés que cada madre decida.
Yo me he sentido muy sola en este sentido. Y a pesar de ser Juan mi segundo hijo, la lactancia materna sigue siendo a veces una incógnita para mi

reflexiones sobre lactancia materna
foto de Ray Dumas (flickr)

En la Maternidad de O,Donell han cambiado un poco las cosas con respecto a cuándo nació mi hija mayor. Esta vez sí noté que los sanitarios estaban más implicados y formados. Pero aún así a ellos lo único que les interesaba es que Juan mamara y daba igual la postura y el agarre. El segundo día tenía tal dolor en el pecho de las grietas, que pedí biberón para él. Necesitaba un poco de descanso. Recuerdo llamar a las enfermeras para que revisarán si la postura y agarre era bueno y siempre me decían que sí. 
Pero no estaba siendo buena cuando tuve grietas.
Pero es que ¿no se dan cuenta que hay que enseñar a las madres a colocar bien al bebé para que no haya estos problemas de grietas?
Muchas madres renuncian a dar el pecho por esto, por los dolores y las dificultades. Y sí, te puedes leer mil libros de lactancia materna, el de Carlos Gonzalez, el que sea,pero necesitamos que se haga un buen seguimiento de cómo va la lactancia, por el bien de la madre y el bebé. 

Es fundamental, invertir en formación de los profesionales sanitarios y dedicarle tiempo a esto, es prevención, unos niños más sanos, madres más felices y una sociedad donde se previenen enfermedades.
Porque la lactancia materna es buena, pero también es bueno que se informe a las mujeres, sin imposiciones, para que ellas decidan sin sentimientos de culpabilidad. Porque también el tema emocional es importante. 
La lactancia materna es muy sacrificada, e incluso a veces dolorosa. Y esto hay que saberlo. Hay que conocer tantas cosas e intríngulis de este tema, que aún faltan muchos medios y personas que apoyen a las madres.

En este sentido, cuando yo tuve las grietas al principio, esta vez, busqué ayuda. Fui a Maternatal, donde la matrona que allí trabaja, me ayudó a comprender un poco mejor el tema de las posturas y agarre. Me dio seguridad.

lactancia materna
Foto de Pixabay

Por otro lado, he asistido a dos grupos de lactancia, uno en mi centro de salud, donde la verdad no me sirvió para nada y otro con Multilacta, donde hay una asesora de lactancia que nos ayuda a dar luz al tema de la lactancia y nos da recursos y medios para comprender un poco mejor este tema. Además de que cualquier duda se solucionaba en el grupo. Me he visto escribiendo desesperada a esta asesora para comentarle mis preocupaciones y me he sentido muy comprendida.

Además también he ido a una consulta de la lactancia en el Hospital Doce de Octubre, donde una neonatóloga y asesora de lactancia, me ayudó a entender mis molestias y a mejorar la postura y agarre del Señor Juan.

Estoy contenta porque he buscado información, pero también he de decir, que esto lo he hecho por mi mala experiencia de la lactancia con mi hija mayor Lola. No quería que volviera a suceder esas grietas y esas inseguridades.
Pero aún así, encontrar información es difícil. Encontrarse apoyada también. Además hay una falta de información entre los mismos profesionales que es alucinante. Unos te dicen que te eches de tu propia leche en el pezón para las grietas, otros te dicen que ni de coña. Unos te dicen que te saques leche, otros que no lo hagas. Bueno ¿en qué quedamos?
Y otra cosa que pasa es que el nivel emocional de este tema, es importantisimo. Si una mujer por lo que sea no puede dar el pecho o no lo quiere dar, no debe sentirse culpable, pero es que a veces vas a la consulta de algún pediatra o la matrona y te juzgan. 
Y es verdad que comentaba una compañera de mi grupo de postparto, que parece que cuando una decide dar el biberón o lactancia mixta, sientes la necesidad de justificarlo. ¿Pero por qué? 

Yo debo confesar una cosa, debo decir que a veces siento que hago juicio a otras madres e inmediatamente le pongo freno. Me sale, no sé por qué. Y es que ¿quién soy yo para juzgar lo que hace cada una? Pues nadie.

Así que estas son mis reflexiones sobre la lactancia materna, en resumen, más formación y más apoyo y acompañamiento. Que alimentar a un bebé no es fácil, se necesita tranquilidad, seguridad, salud e información.

lunes, 11 de abril de 2016

Primeras dificultades con dos hijos

Madre mía, esto es muy difícil, es complicado tener hijos, no os voy a engañar, no os voy a decir que esto es maravilloso. Pero esto es lo que hay, no me queda otra más que superar los baches que nos va poniendo esta experiencia.
Lola durante el embarazo, me cuidaba, me tocaba la barriga y hablaba del bebé.
El día que Juan nació, Lola vino al hospital tal como describí en uno de mis últimos post, entró sola en la habitación, le presentamos al bebé y luego ella fue quien presentó al bebé a mis padres y mis suegros. Además el bebé le había dejado dos regalos para ella, a la que su pregunta fue: ¿pero estos regalos dónde estaban, en tu barriga?

Luego cuando llegaba la hora de irse, no quería, se subió a la cama del hospital y no se quería ir. Menos mal, que mi madre logró convencerla. Ahí empezamos a notar un cambio en ella.
En casa cada día esta siendo muy difícil. Entiendo que se debe sentir como en un segundo plano. Me paso el día o casi todo el día con el bebé en la teta o encima y me resulta difícil jugar con ella en esa situación. Es verdad que mi marido ahora ha cogido las riendas del juego con Lola y se encarga de ella. O cuando vienen mis padres, ellos se encargan de Lola.

De verdad que trato de ponerme en el lugar de ella. Debe ser difícil ver un cambio radical en la forma de actual en casa. De no haber un bebé y atenderla a ella al 100%, a no atenderla practicamente nada. Juan tiene un mes, y espero que en unas semanas, todo vuelva a la normalidad, la verdad es que necesitamos todos volver a nuestras rutinas y que no haya tanto cambio.

¿Qué hemos notado en Lola?

  • Cualquier cosa que la frustra, se enfada, no lo tolera, cuando antes lo toleraba más.
  • Se pone a gritar cuando se enfada, pero no son gritos cualesquiera, son gritos de verdadero enfado y de rabia.
  • Da portazos.
  • Llora por muchas cosas para conseguir lo que ella quiere.
  • Se pone a jugar a juegos muy ruidosos cerca de su hermano.
  • Tira cosas cerca de la cuna de Juan, cuando él está dormido.
  • Además parece que en el cole sigue un poco descentrada.
  • A veces nos pega.
Para mi, esta parte de la bimaternidad es lo que me genera más angustia, ansiedad y preocupación. 

bimaternidad


En realidad, Lola quiere a su hermano, me lo dice y se la nota, le abraza, le canta y muchas veces consigue calmarle cuando está más nervioso o empezando a lloriquear.

Sin embargo, esa actitudes que tiene, creo que tienen más que ver con rabia hacia nosotros, a no entender esta nueva situación y no ser capaz de gestionar estas emociones encontradas.
Además noto que esa rabia la expresa más hacia mi, y supongo que es normal porque obviamente yo me dedicaba todas las tardes a estar con ella, dedicación exclusiva y esto ha cambiado radicalmente.

¿Cómo lo habéis vivido vosotros? ¿Entendéis lo que digo?



domingo, 20 de marzo de 2016

Mi parto con pelos y señales

Finalmente el día 7 de marzo, rompí aguas. Me había levantado a hacer pis y comer un yogur y según me metía en la cama, noté como un blup y salté corriendo. Efectivamente había roto la bolsa. Pero al ver el líquido, estaba manchado de marrón. Por ello me alarmé y le dije a mi marido que teníamos que ir urgentemente. Además tenía dolores en la parte baja del vientre muy extraños, no eran contracciones. Intenté ducharme para limpiarme pero dio igual porque seguía saliendo líquido. 

Mi marido cogió a Lolita, las maletas, los abrigos y salimos zumbando. Había llamado a mis padres para que nos esperaran en la acera por donde nos venía mejor. 
Vivimos un momento que nunca olvidaremos: mis padres habían bajado a recoger a Lola, en pijama, con sus chanclas de casa y con sus abrigos. Mi madre con un abrigo de pelos blancos de toda la vida. Ni me dio tiempo a reírme mucho, pero esta escena nunca la olvidaré.

Llegamos al hospital y me exploraron, me  monitorizaron también. Una de las matronas le decía a alguien por teléfono que por favor me vinieran a recoger porque tenía la gráfica del monitor mal. Al escuchar eso me empecé a agobiar. Pero yo no podía hacer nada.
Un celador de lo más amable, me llevó a la sala de expectantes, donde me colocaron un monitor interno para tener más control sobre las constantes del bebé. 
Estaba dilatada en 4 cm ya. 
Cuando el paritorio 5 se quedó libre, me llevaron. La matrona que me correspondía en aquel momento, una tal Maria, era nueva y un poco seca. Me volvieron a explorar estaba de 5 cm y el bebé muy arriba. 
Me preguntó por la epidural, si me la quería poner. Le dije que no sabía, que no quería, pero me asustaba que si el parto desembocaba en instrumental (como el de Lola) o en cesárea no iban a tener tiempo de reaccionar. Además mis contracciones eran bastante fuertes, aunque irregulares. Respiré como me habían enseñado en los cursos de preparación. Respiraba y lo soportaba, pero había a veces que las contracciones eran tan fuertes que parecía que mi cuerpo de abría en dos. El dolor bajaba por el útero hasta la pelvis y se metía por las lumbares. Una de las contracciones me dolió tanto que se me saltaron las lágrimas. Cuando paraban,.era pura alegría de no sentir esos calambres en mi cuerpo.
Durante todo este proceso mi marido me acariciaba, me decía lo guapa que estaba y lo valiente que era.

Entre tanto la matrona, me preguntaba por la epidural y accedí a ponérmela. Mi intención era no hacerlo. Creo que por sentirme aún más valiente, más poderosa y más fuerte al ser capaz de controlar los dolores sin necesidad de ninguna analgesia. Hubiera sido digno de contarlo a mis hijos y mis nietos, pero decidí que prefería no ser tan valiente y ser más precavida por si desembocaba en algo difícil y debo reconocer que no quería sentir ese dolor que me partía en dos.

Me pusieron la epidural justo en una contracción y me acordé de mi amiga Ana, que decía que si éramos capaces de aguantar una contracción sin movernos, seríamos capaces de aguantar un parto sin epidural. ¿Lo habíais pensado alguna vez?

Después de un rato la matrona se despidió por el cambio de turno y de repente, apareció mi ángel de la guarda. Cecilia, la matrona que atendió el parto de Lola. No sabéis qué alegría. Sentir que ella me iba a acompañar en este parto, que fue tan cariñosa en los momentos del fórceps de Lola, mientras las ginecóloga actuaban sin apenas hablar, ella me cogía de la mano para acompañarme. 
Así que mi marido y yo pensamos que eso era una señal. Su compañera Mamen, enfermera que acompañaría mi parto junto Ceci, también una persona sonriente, dulce y profesional a la que también debo agradecer su sonrisa y sus consejos.
Me exploraron y ya estaba casi dilatada totalmente pero el bebé estaba muy arriba. 
La epidural me bloqueó una pierna y no podía moverla. Además de que me hice pis encima sin notarlo. Me colocaron en posición para empujar para que el bebé bajara un poco y me hice caca encima. Vamos que un cuadro. 
Os cuento esto porque creo que hay que conocer que esto puede pasar, pero que no pasa nada, que las matronas y auxilares estén bastante acostumbrados.

A pesar de la epidural, notaba las contracciones, no dolorosas, pero sí como si me presionaran la barriga y entonces empecé a empujar con las indicaciones de la matrona. De repente, le indicaron a mi marido si quería ver cómo salía, así que accedió y también nos trajeron un espejo donde pude ver la coronilla de Juan saliendo y de repente su cabeza bajó. Se me saltaron las lágrimas de emoción. Dejé de empujar y de repente estaba allí, encima de mi, tan bonito, con los ojos tan abiertos. Hicimos el piel con piel, durante un rato. Le miraba, le sentía, le tocaba y me emocionaba. Estaba muy contenta de que todo hubiera ido muy bien, tan bien acompañada, tan bien asesorada, tan feliz.

La enfermera me dio los puntos, parece que fueron 4, por un desgarro. Y el bebé Juan seguía tan despierto, encima de mi cuerpo. Intentamos que se enganchara, pero las matronas y personal sanitario dijeron que necesitaban el paritario y me colocaron al bebé encima de mi, en la camilla, para que siguiéramos en contacto.


Este fue mi parto, tan bonito, sin dolor, ojalá hubiera podido ser de otra manera, pero el miedo a mi propio dolor, el que pudiera llegar a ser una cesárea, por los comentarios de algunas personas, desembocó en que tomara la decisión de ponerme la epidural. 
Mi marido me preguntaba por qué no me quería poner la epidural, y creo que era para ser más consciente de mi cuerpo, de mi capacidad de experimentar ese dolor y poder decir, lo he hecho.